Cualidades de un buen cirujano; algo más que sangre fría y precisión

¿Qué cualidades debe tener un buen cirujano? Precisión, perfeccionismo, sangre fría, paciencia,… estas son algunas de las cualidades, sin embargo, los cirujanos afrontamos complicaciones, cometemos errores y nos enfrentamos diariamente a múltiples decisiones que pueden comportar consecuencias nefastas. Y el aprender a educar el bisturí exige mucha dedicación, estudio, actualización, autocrítica, y como no, práctica.

El profesionalismo no tiene traducción al castellano. Una buena definición sería “hacer lo correcto, por el motivo correcto, en el paciente adecuado en el momento adecuado y sin que nadie tenga porqué saberlo”. Enseñar a llegar a un diagnóstico o saber qué medicamento va bien para una neumonía es algo que se ha hecho hasta la fecha. Pero enseñar profesionalismo exige transmitir y modelar una dimensión que hasta la fecha se encontraba dentro del currículum oculto (todo lo que se aprende por contexto, durante las prácticas de medicina o la residencia, pero que no estaba en el guión). Muchos consideran que se trata de algo parecido al Juramento Hipocrático; es el símbolo del compromiso de los médicos con su profesión y con el buen quehacer con sus pacientes.

Así que para hablar de profesionalismo hablo de conflictos (no solamente éticos) en el ejercicio de la medicina, de anécdotas que te llevan a reflexionar, de cómo enseñar a operar y cómo no enseñar, y de los errores y las complicaciones. Sobre ser transparente con lo que haces, sincero con las expectativas de tu cirugía, comprometido con estar actualizado, competente en el desempeño, considerando al paciente sin prejuicios, en el camino hacia la excelencia.

Cómo nos sentimos cuando las cosas no van bien. Pocas veces se habla de esto abiertamente; los cirujanos no son de metal o de piedra. Y no son infalibles. Los cirujanos son seres humanos y también se afectan por lo que le pasa a sus pacientes. Cuando tienes que hacer una cirugía de 4 horas y mantienes máxima concentración durante toda la cirugía mientras se van agotando tus fuerzas y te deshidratas, y después tienes una reunión de trabajo y consultas por la tarde (unos casos que se pueden arreglar, otros que no, y otros que no sabes qué es lo que tienen) …  llegas a casa agotado y con una mezcla de sentimientos (además tu móvil con varios mensajes a los que no has contestado y tu correo electrónico con otro montón de mensajes por leer). Mientras cenas y te pones al día con la familia, revives lo que ha pasado, mezclando en especial situaciones que te implican emocionalmente. De alguna forma te llevas el trabajo a casa como si se tratase de un saco que te acompaña a donde vas, del que no dejas de mirar dentro y revolver en su contenido: repasas algún paso de la cirugía que crees que podrías mejorar en otra ocasión, recuerdas el rostro del paciente que tenía tanto dolor …, piensas en la cirugía que realizarás mañana y planificas mentalmente qué estrategia realizarás, intentando minimizar cualquier riesgo para el paciente …  Y cuando se complica una cirugía con un mal resultado, a pesar de haberlo hecho todo bien, también nos duele. Y mucho.

Le dedicamos todo nuestro empeño a perfeccionar la técnica quirúrgica con cada operación.  Y a minimizar los errores y complicaciones. Y operando cientos de casos cada año, es fácil que algún caso se complique. No hay más que esperar al acontecimiento estadístico, ya que nadie tiene una resolución del 100% de sus casos. Así que en un momento u otro del año nos enfrentamos a un paciente descontento, con un resultado malo tras haber actuado con tus propias manos sobre él. – “Usted me ha operado y me ha dejado así”. Afrontar estas situaciones no es fácil. En el cirujano se generan sentimientos de culpa, de frustración, o de negación. En el caso de que se rompa la relación de confianza entre médico y paciente, el paciente afectado busca la solución en otros especialistas donde explican su problemática e incluyen como parte del problema al primer cirujano. Todos recibimos de cuando en cuando algún paciente operado por otro colega, en esta situación.

Si hay un problema, el acusado será el cirujano. Eres responsable de que todo esté preparado, pero sin embargo no lo puedes controlar todo y es esencial poder confiar en el buen trabajo de todo el equipo. Y es esencial, cuando se detecta un error, el trabajarlo como equipo y no focalizarse a señalar culpables sino en buscar soluciones.

Finalmente resumiendo éstas son cualidades en las que tiene que destacar un buen cirujano:

  • Conocimiento de la anatomía del cuerpo a la perfección
  • Humanidad para saber tratar pacientes y compañeros
  • Trabajar bien en equipo
  • Sangre fría
  • Saber aguantar situaciones bajo presión
  • Ser hábil
  • Paciencia
  • Precisión y Excelencia
  • Responsabilidad

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